Soy una bomba de relojería. Me haces serlo. Siento que constantemente aguanto elevados niveles de presión, sin nunca hacer nada al respecto. Aguanto ataques. Me siento culpable. Algunas veces sé que lo haces sin querer. Otras veces, queriendo : me usas, como si fuera el saco y tú el boxeador, y tengo que encajar ganchos sin derrumbarme.
Tienes una personalidad destructiva, que acaba con la paciencia de la gente cercana a ti. Todos los que te rodeamos tenemos un punto de masoquismo, y nos encanta ver la vida a través de tus ojos, por que tu filtro gris hace que todo parezca una película dramática. Sin embargo, a veces busco en tí el ánimo que me falta para seguir, que me contagies las ganas de vivir, aunque se que nunca podré encontrarlo.
Cuando algo no te gusta, te quejas, te encierras en el problema, y no lo intentas cambiar, solo le das fuerza para que crezca y se vuelva más importante. La gente de tu alrededor pasa a formar parte de él, sentimos tu tristeza más intensamente que tú, porque empatizamos con esos sentimientos que eres incapaz de expresar.
Se acabó. No soy el saco de boxeo, ni el váter emocional de nadie. Quiero rodearme de personas que me den ganas de vivir, que me hagan reír, y que me dejen ser libre.