La luz del amanecer
bañaba mis hombros
que, desnudos,
anhelaban de nuevo
el contacto de tus dedos.
El día despertaba
con las primeras luces
y mientras tú, aún en la cama,
te desperezabas,
yo descubría el mundo.
Parecía que escuchara
por primera vez
sonidos nuevos y desconocidos
Y es que nunca antes
ningún amanecer
Me había hecho sentir
tan viva.
